miércoles, 27 de marzo de 2013

Pan de Azúcar y adiós a Río




Multitud fotografía el Pan de Azúcar
Luego de ganarle a los pronósticos en mi última mañana en Río de Janeiro, faltaba una visita más: El Pan de Azúcar.
El Pan de Azúcar es un morro con una forma muy particular, que gracias a ella recibió el nombre que hoy lo identifica para con todo el mundo.

La formación de los morros se da por varios factores como la erosión de los vientos que bajan del planalto y de las lluvias que afectan la región, junto con unos movimientos de la tierra que dieron origen a este paisaje típico en esa parte de la costa de Brasil.

No somos profesores de Geografía, (aunque me gusta mucho) así que vamos a lo que nos compete.


Luego del Cristo Redentor, yo me fui hasta el hostal y comí algo mientras mis amigos fueron para su hotel y decidieron no hacer esta segunda visita; por lo que me fuí sólo esta vez.

Subí al bus 511 y pregunté en portugués las direcciones para el Pan de Azúcar y tanto el guardia del bus como un pasajero que estaba allí sentando me indicaron con mucha claridad y en portugués como debía bajar del bus.
La soledad me duró poco pues, dos chicas -madre e hija- que venían de Israel me preguntaron si yo iba al Pan de Azúcar y desde allí ya no nos separamos e hicimos toda la visita los tres juntos.


Para subir al Pan de Azúcar se debe subir en el Bondinho que tiene una escala en el Morro de Urca y luego combinación hasta el Pan de Azúcar y el billete es de 53R$ sólo teniendo descuento los menores. Es caro sí, pero es un obligado a la visita de Río de Janeiro.

Bondinho hacia el Morro de Urca en primer lugar.
Se pueden ver desde lo alto las distintas vistas de Copacabana, de Marina Da Gloria, el Centro, el puente Niteroy entre otras. Claro; también se ve el Cristo Redentor, que por la tarde es abrazado por las nubes. También hay un sendero que forma parte del bosque tropical. Muy interesante.

Cristo al fondo

Niteroy

Marina da Gloria 

Brasil fue "Calamar" 

!Llegamos!

Compañeras de viaje


Es una visita muy interesante, con grandes vistas y tuve la suerte de encontrarme con dos chicas muy simpáticas que hicieron la visita mucho más que agradable. Es más, luego fuimos a comer y a seguir intercambiando nuestras historias.


Por delante tenía mi última noche en Río de Janeiro y me despedí de esta ciudad con una fiesta en un barco, por eso será hasta la próxima historia: Búzios y Arraial do Cabo van En Una Mochila.

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